
Seguro que alguna vez te has pasado horas retocando una imagen. En la pantalla de tu ordenador se ve nítida y vibrante. Sin embargo, llega el momento de enviar la imagen a imprimir y lo que en pantalla parecía una fotografía profesional, en papel se convierte en un mosaico de píxeles borrosos.
"¿Qué ha fallado?", te preguntarás. La resolución, aunque para ser más exactos es una combinación de factores que te explicamos a continuación.
Para garantizar una impresión de calidad, hay que tener en cuenta una diferencia que a menudo pasa desapercibida.
En el mundo digital la medida que se utiliza para ajustar la resolución de una imagen son los píxeles (PPI por sus siglas en inglés), que define los píxeles que hay en una pulgada de la pantalla. Traduciendo ese estándar a una medida física nos encontramos con los DPI o Dots Per Inch, es decir, los puntos de tinta que es capaz de inyectar la impresora en una pulgada de papel.
Aquí el error más común es pensar que más es siempre mejor. Sin embargo, si envías un archivo de 1.200 dpi para una lona que se colgará en un edificio, no obtendrás más calidad, solo un archivo tan pesado que el software de la imprenta, el RIP, tardará horas en procesarlo, o peor, hará que se cuelgue. Por tanto, la clave está en la adecuación de este parámetro, función que un profesional dedicado al servicio de impresión digital puede realizar.
Para ello, hay que tener cuidado al ajustar la resolución de una imagen en Photoshop. Pongamos que la fotografía tiene 72 ppi. No basta con cambiar la cifra a 300 ppi, por ejemplo. En caso de hacerlo, el software realiza lo que se conoce como interpolación. Básicamente, se inventa píxeles basándose en los colores de los píxeles vecinos. El resultado es una imagen que pesa más, pero que se ve desenfocada.
Así que si necesitas ampliar una imagen más allá de sus límites, utiliza una herramienta de escalado por inteligencia artificial, que te ayudará a reconstruir las texturas y bordes de la imagen, además de poder ampliarla en un 400 % con una pérdida de calidad mínima.
Existe la llamada ley de la distancia, donde la resolución de impresión es inversamente proporcional a la distancia de visión.
Para entenderla, hay que partir de lo básico. Nuestro ojo tiene un límite de resolución y a medida que nos alejamos de un objeto, nuestra capacidad para distinguir detalles minúsculos disminuye. Por eso, no necesitas la misma definición para una tarjeta de visita que para una valla publicitaria.
Con el objetivo de medir esta distancia, puede aplicar una fórmula técnica que determina la resolución óptima (R) basada en la distancia (d en centímetros) a la que se encontrará el espectador: R = 3438/d.
Trasladando esta relación a una escala de proximidad, nos encontramos que para una distancia de 30 centímetros se necesitan 300 ppi, para un metro una de 150 ppi, para una lona bastan 50 ppi y para una valla de carretera colocada a 20 metros se precisan 15 ppi para imprimir la imagen con alta definición.
Pongamos que estás diseñando un logotipo o un icono. En ese caso, olvídate de los píxeles y céntrate en el diseño vectorial, creado por programas como Illustrator o mediante formatos SVG/EPS, donde te basarás en fórmulas matemáticas.
Un vector puede medir un centímetro o 100 metros y sin embargo, su información será siempre la misma y jamás se pixelará. Por eso se recomienda diseñar con vectores.
Asimismo, puedes seguir este patrón para ajustar la resolución de la imagen en función del tipo de impresión para el que vaya dirigida:
En realidad, la resolución de una imagen solo es la pata de una mesa, por así decirlo. El perfil de color y el formato de entrega influyen sobremanera.
Por un lado, la pantalla de ordenador trabaja en RGB (luz), pero la imprenta opera con CMYK (tinta). Si no conviertes tu archivo o trabajas con el perfil adecuado, los colores vibrantes de tu monitor se volverán apagados en el papel.
En cuanto al formato de entrega, hay que evitar utilizar archivos en JPG con mucha compresión ya que el algoritmo de compresión genera lo que se llama ruido visual en la imagen.
Como has podido ver, imprimir no es solo cuestión de copiar y pegar números, se trata de comprender para qué va a utilizarse esa pieza gráfica y desde dónde se va a observar. Por esa razón, si dominas la distancia, dominarás la resolución. Y recuerda, ante la duda, siempre es mejor una imagen a 150 dpi que sea nítida de origen que una a 300 dpi que ha sido estirada.
En cualquier caso, y para garantizar un resultado eficaz, lo mejor es confiar en servicios de impresión digital como The Printer, donde contamos con más de 30 años de experiencia y una tecnología de vanguardia.
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